No saber lo que se quiere y matarse por conseguirlo

Cuando al finalizar algunos de nuestros talleres les preguntamos a los asistentes para qué tomaron el taller, las respuestas iniciales son muy variadas. Algunos vinieron con el deseo de progresar en sus organizaciones, otros quieren resolver un problema concreto que tienen por delante, otros buscan mejorar los resultados de sus transacciones con clientes y proveedores, muchos buscan mejorar sus relaciones en diferentes contextos, inclusive en su propia familia y así sucesivamente. Si insistimos ante cada respuesta con la pregunta ¿para qué quiere lo que dice que quiere? este proceso invariablemente nos conduce a una respuesta final común que es, ser felices. Todas las respuestas anteriores son intermedias en el camino al objetivo primordial de la búsqueda de todo ser humano que es, ser feliz. Esta respuesta, por supuesto, es la única que no admite la pregunta ¿para qué? No hay respuesta a la pregunta ¿para qué quiere ser feliz?, más que la redundancia, para ser feliz.

Ahora bien, si interrogamos a todos los asistentes que han coincidido en que el objetivo final de lo que hacemos en la vida es la búsqueda de la felicidad, ¿qué es la felicidad?, obtenemos nuevamente las más variadas respuestas o lo que es peor, vaguedades, retórica barata, o ninguna respuesta.Esta última situación es realmente dramática, porque cómo se puede buscar toda la vida algo que no se sabe definir ni decir con claridad qué es. Sin embargo no lo es menos, el tener una definición poco clara o creer que alcanzar la felicidad es algo casi tan mágico como un cuento de hadas.

Increíblemente, la mayoría de la gente transcurre su vida en la absurda situación de valorar la felicidad como el bien más preciado y no destinar ni un minuto en reflexionar seriamente sobre el punto ni sobre cuales son los caminos que llevan a ese objetivo. Es incalculable el sufrimiento que padecen, tan sólo por ignorar cuáles son las condiciones esenciales que lo pueden llevar a obtener lo que desesperadamente buscan. Lo más trágico, es que la mayoría de los asistentes a nuestros talleres, son realmente expertos en resolución de problemas y en la creación de planes para lograr metas y objetivos. Saben que para lograr algo, hay que prepararse inteligente y pormenorizadamente. Sin embargo, algunos jamás aplican lo que saben o sus habilidades, a los problemas de su vida o a sus objetivos primordiales. Aun cuando no tuviesen los conocimientos y habilidades necesarias, es importante saber que todo oficio se aprende y el de vivir feliz, también.

El problema clave: las definiciones

Muchas definiciones son realmente engañosas por ser caminos que conducen a cualquier lado menos a ser felices. Mucha gente, algunas veces inconcientemente, toma como referencia para su propia felicidad, lo único que tiene a su alcance: lo que ve en las películas, o lo que aparece en los melodramas de los programas de TV o lo que lee en algunas revistas baratas de modas o de diseño.Sin embargo, otras definiciones aparentemente más ortodoxas, pueden ser igualmente malas a la hora de saber que hacer para ser felices.

El diccionario de la Real Academia Española dice que felicidad es el estado de ánimo que se complace en la posesión de un bien. Esta definición seguramente traduce uno de los errores comunes que cometemos la mayoría de los humanos respecto al tema y no es producto del desconocimiento de un pequeño grupo de integrantes de la Real Academia de la Lengua.

Una definición del ego

La definición de la RAE, es una definición propia del ego universal.El ego (individual y colectivo), confunde felicidad con posesiones y posiciones: la casa propia, el auto 0 km, un nuevo televisor o un plasma, graduarse, un nombramiento, el primer millón, casarse con el príncipe azul… Sin embargo, todos sabemos por experiencia propia que no solamente es posible ser feliz sin que ello sea el resultado de poseer nada, sino que por el contrario, poseer (algunas veces en superabundancia) no garantiza la felicidad y en algunos casos, la hace imposible. De hecho también sabemos, que nuestros deseos no tienen límite. Si tenemos un televisor queremos dos, si tiene 26 pulgadas queremos uno de 32, si tiene pantalla común queremos una plana o mejor un plasma, si tenemos un plasma mejor es un “home theatre” y así sucesivamente. Esta debilidad nos hace esclavos y por si fuese poco, nos llena de miedo. Sentimos miedo por no saber si vamos a poder conseguir lo que deseamos y también miedo a perderlo una vez que lo hemos conseguido.

Quien tiene miedo no es libre y si no se es libre, no se puede ser feliz.

Por último, anhelar o desear poseer algo, pone permanentemente la felicidad en el futuro. El ego cree que algo que está por ocurrir en el corto, mediano o largo plazo, va a traerle la felicidad y dice: cuando tal cosa ocurra…, cuando logre…, cuando, cuando, cuando… Lamentablemente, cuando ese futuro (que existe sólo en nuestra imaginación y que puede no concretarse nunca), por fin llega, nos encuentra anhelando y deseando nuevas cosas y por tanto, el macabro mecanismo nos impide disfrutar de lo obtenido.

La definición de los sabios

Los sabios de todos los tiempos nos han dicho que, por el contrario a lo recomendado en la definición del diccionario, las posesiones son más un obstáculo que un facilitador del desarrollo espiritual y del logro de la felicidad. De hecho, esos sabios “siempre han vivido vidas más simples y más pobres que la de los mismos pobres”. En su entender, felicidad es paz interior, calma y sosiego.

Ser feliz es estar libres de pasiones y deseos.

Ser feliz es vivir sin miedo y esta es la emoción básica de una vida que gira en torno a posesiones, deseos y aversiones.

“La felicidad y la dicha no la proporcionan ni la cantidad de riquezas, ni la dignidad de nuestras ocupaciones, ni ciertos cargos o poderes, sino la ausencia de sufrimiento, la mansedumbre de nuestras pasiones y la disposición del alma a delimitar lo que es por naturaleza”. Epicuro

Una definición interior: Aprender a negociar para lustrar el ego o para ser felices

Por supuesto que es mejor que nuestro ego utilice el modelo de negociación para obtener lo que quiere y no que, como hacen algunos gobernantes, decida utilizar las armas y fabricar una guerra para lograrlo. Es claramente mejor para resolver conflictos negociar bien, que andar a los tiros e incluso es mejor que manipular para obtener elípticamente lo que no sabemos obtener en forma directa y asertiva.

Ahora bien, si al concurrir a uno de nuestros talleres de negociación el interés de aprender un modelo y herramientas de probada eficacia, tiene como objetivo servir a una ambición ilimitada, la lucha que le espera al asistente, sigue siendo interminable. Incluso será fuente de más problemas de los que ya tiene si utiliza el taller para algo que al ego le encanta, compararse (yo soy mejor negociador porque estudié con CMI International Group en Harvard).

Ni nuestro modelo ni ningún modelo van a permitirle alcanzar algo para lo que no está diseñado, satisfacer una ilimitada capacidad de desear.Si su ego entiende que la felicidad en la vida se logra con poseer cosas o alcanzar la fama y el poder, las habilidades que desarrolle en negociación, no dejarán de ser una buena solución a un problema mal planteado. Jamás lo conducirán a otro lugar que no sea el de una alegría transitoria y el de un sufrimiento seguro en el mediano y largo plazo. Se hará más habilidoso en sufrir más.

Si por el contrario usted ha concurrido para encontrar una herramienta que lo ayude a ser feliz y por felicidad entiende, lograr la calma, vivir en paz consigo mismo y con lo que lo rodea, incluyendo a otros seres humanos, animales y al resto del planeta, nuestro modelo es excelente. Como verán, el tema pasa por una definición interior y quizás anterior a la de tomar el taller.

“El hombre es infeliz ya por el temor, ya por el deseo ilimitado y vano. Quién a esto ponga brida, puede procurarse la feliz sabiduría”. Epicuro.