Extracto del libro de Julio Decaro “Nuevos líderes para un nuevo mundo”
Porque por el camino que vamos, seguiremos logrando milagrosos avances tecnológicos y algunos de nosotros acumular fortunas o vivir rodeados de lujos, pero nunca seremos felices porque buscamos la solución de nuestros problemas en el lugar equivocado.
Buscamos fuera, y el problema y su solución, están en nuestro interior.
Creemos que el reino de los cielos está en algún lugar al que llegaremos en algún momento, en general después de la muerte, cuando en realidad es un estado de conciencia que sólo puede ser vivido aquí y ahora, y donde el obstáculo para acceder somos nosotros mismos.
Si no logramos ser libres, nunca seremos felices.
Creemos engañosamente que somos libres porque algunos no estamos encerrados tras barrotes o porque vivimos en un país en el que podemos elegir a nuestros gobernantes en elecciones libres, privilegio que no muchos tienen.
Sin embargo la cárcel en la que vivimos no tiene rejas ni dictadores, pero es igual de cruel y aterradora. Me refiero a la prisión de nuestra propia mente.
Seguimos interminablemente rehenes de la ira, la envidia, los celos, la revancha, la venganza, el odio racial y religioso y utilizamos gran parte de la tecnología y enorme cantidad de recursos al servicio de esas emociones negativas.
Muchos adhieren a la necesidad urgente de un cambio y su intuición les dice que no va a suceder si lo seguimos intentando mediante programas para mejorar el nivel de habilidades o capacidades de la gente, tomando cursos clásicos de liderazgo y trabajo en equipo.
Se está acabando el tiempo de los líderes centrados en sí mismos o en los suyos, en una lucha unilateral por el poder o en las ganancias.
Se necesitan líderes que entiendan que “no solo de pan vive el hombre…” y que es necesario conducir con la mirada puesta en una totalidad mayor que su propio ombligo.
Se necesitan líderes con una visión holística, puesta en la sociedad, en la naturaleza, en el planeta, en el universo, en la creación toda.
En lo profundo de nuestro ser sabemos que ese cambio pasa por tener en cuenta y ahondar en lo niveles de identidad – quiénes somos- y espiritual -quiénes más, aparte de nosotros mismos-.
El problema es que desde el encuadre de los paradigmas actuales, especialmente de los del mundo occidental, atender estos temas parece signo de debilidad o de cierta “voladura mental”, lo que ha hecho que políticos y empresarios los hayan eliminado durante añares del repertorio de sus ocupaciones, dejando de lado la energía y el poder que tienen y su clara contribución a la felicidad de la gente.
Innumerables investigaciones y estadísticas afirman que los hombres y mujeres que se apoyan en sus raíces espirituales y religiosas, tienen una vida de mejor calidad, más feliz y armónica.
Por tanto, como adultos, hay que tomar coraje y arriesgarse. No alcanza con más paños tibios.
(…)
Se necesita una revolución, pero no una revolución tecnológica, productiva, económica o política y mucho menos una revolución armada, sino una revolución mental y esa es la razón de la propuesta de este libro.
Como la gran mayoría de los dramas humanos nace de la ignorancia, en especial de la auto ignorancia, para un cambio radical necesitamos nuevos líderes, líderes iluminados.